Existen graduaciones dévicas. Por ejemplo, nuestro cuerpo físico es una
entidad dévica que llamamos esotéricamente el Elemental Constructor, que
responde a nuestro grado de evolución y a las aspiraciones de nuestra alma, y
esto, medido esotéricamente, es un sonido. Nuestra alma emite un sonido que
es recogido por un deva que está en una frecuencia vibratoria muy parecida a
la nuestra, y entonces viene un proceso de substanciación del éter según las
características de nuestro Ser. Así se va creando en el feto la forma, la
consistencia física, todo el conglomerado de hechos que constituirán el cuerpo
físico. En la medida que este cuerpo crece, crece también la fuerza del
elemental constructor. Tenemos un deber con él, porque ha creado nuestra
morada. Si no fuera por su concurso estaríamos en las regiones causales sin
poder manifestarnos.
Fíjense bien, tenemos un Deva Central con autoconciencia, que da su
vida a la conciencia del corazón, a la conciencia del cerebro, a la conciencia de
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la piel, a la conciencia de los músculos, de los huesos, y de todo cuanto
constituye el cuerpo físico, y a la infinita e innombrable cantidad de pequeñas
vidas dévicas que están en cada uno de estos centros mayores y que, como
decíamos anteriormente, por afinidad química están colaborando en la obra
común de este Elemental Constructor que es nuestro agente, el que se
manifiesta por nuestra orden cuando estamos realmente integrados. Parte de
los conflictos que tenemos en la sociedad, es el escaso control de vida y la
falta de amor que tenemos hacia nuestro Elemental Constructor, así como
también al Elemental del cuerpo de deseos y del cuerpo mental, pues todo es
molecular, todo es atómico. En lugar de gobernar sin opresión, comprendiendo
las verdaderas necesidades evolutivas de estos elementales, lo que hacemos
siempre es retrotraer la conciencia hacia nosotros mismos. No pensamos en
nuestros cuerpos, pensamos en nosotros y entonces, ¿qué sucede? Que por
falta de este gobierno armonioso, de esta atención hacia ellos, empiezan a
seguir las leyes de su propia herencia genética, pues cada cuerpo tiene su
génesis. Y entonces se muestran según sus tendencias naturales hacia la
substanciación que es la línea de menor resistencia para ellos, que tiene por
objeto llegar a lo máximo de materialidad. ¿Ven ustedes por qué es necesaria
la atención? Cuando no tenemos una atención hacia el pensamiento, hacia el
deseo o hacia el cuerpo, dejamos que el cuerpo, la mente y el deseo sigan su
impulso hacia la región de materia o de sustancia de la cual provienen.
Tenemos el deber y la responsabilidad sobre todas y cada una de las infinitas
criaturas dévicas que constituyen los tres cuerpos, las cuales necesitan de
nuestra ayuda para evolucionar. Por esto les digo que es necesario estar
atentos. Y estar atentos a lo que pensamos, a lo que sentimos y a lo que
actuamos implica tener el poder de un Iniciado. La atención perfecta hacia
estas cosas aparentemente sin importancia es la que nos cualifica como
Iniciados.
Un Mantra es una palabra o una conjunción de palabras que tienen determinadas vibraciones, haciendo que la persona que los recita sea inducida a un estado de consciencia diferente. Generalmente se utilizan en la meditación y son muy útiles en la práctica del yoga, ya que ayudan a la concentración. Conocedores del tema dicen que los mantras disuelven las impurezas y aportan luz al espíritu. Para los hinuístas y budistas, el mantra tiene un carácter mágico y salva a la persona de peligros, enfermedades y ayuda a superar muchos de los problemas. Dependiendo del mantra y su vibración única, la manera en que influye en diferentes partes del cuerpo. La palabra mantra es la unión de dos términos: Man que significa mente y Tra que significa liberar. En conclusión, el Mantra ayuda a liberarse del diálogo interno de cada uno involuntario para así poder alcanzar el silencio interior y poder llegar a estados superiores de consciencia. Los mantras actúan sobre nosotros de dos maneras diferentes; p...
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